El futuro de bitcoin está blindado ante la crisis de reputación de los mercados

Bitcoin no nació entre barricadas y cañonazos, como lo hizo la República Francesa en la revolución del siglo 18. Sin embargo, si lo hizo en la era de una era tumultuosa, donde también se alzan antorchas y se cantan himnos a la libertad, la ética y la igualdad. O mejor dicho se lanzan tuits que se hacen virales, se publican furiosos artículos de opinión y se dejan de comprar productos de ciertas marcas con el objetivo de un bien mayor. Sí, es la época de las «funas» o «cancelaciones», en donde se hace pagar a los «malos» y la sociedad tiene mayor conciencia del poder de su voz.

Algunos podrán estar en contra de estas muestras de rechazo organizado, otros pensarán que es la justa medida que algunas empresas o personalidades se merecen. Sin embargo, es una realidad que, con la aparición del Internet en nuestras vidas, el mundo empezó a articularse bajo unos nuevos códigos de valores y formas de interacción que cambiaron las leyes del juego.

¿Bitcoin es arrastrado por la mala racha que afecta a Meta, Paypal y Netflix?

 El individuo comprendió que con su tiempo, apoyo y atención (o ausencia de ellos) podía encumbrar algún proyecto o desaparecerlo. La interacción empezó a tener cada vez más importancia, puesto que la opinión de las masas mueve los mercados y genera hasta ollas de presión en la política. Jamás unos cuantos desconocidos habían tenido tanto poder, y por ello empezamos a ser más selectivos y exclusivos.

La gente ha dejado de consumir productos simplemente «porque es lo que hay» o «porque me lo recomendó la institución con poder de turno», y ahora se cuestionan cuáles son los valores intrínsecos que aporta este producto a la dinámica social. Y aunque aún los personajes influyentes y la publicidad tienen un gran impacto en la psicología tras las compras, en la actualidad cada vez más los individuos se plantean la posibilidad de pensar si un producto realmente le conviene o si está alineado a sus ideologías.

Es decir, ahora importa la opinión que tengas sobre las cosas y el valor subjetivo que le damos a ellas. En este nuevo orden, la reputación que tiene una marca o individuo es crucial para que este tenga éxito o perviva en la sociedad. En un mundo, además, donde la competencia entre empresas crece cada vez más y existen múltiples alternativas para distintos servicios: el usuario se siente cada vez más empoderado, selectivo e ideológico. Deja de adquirir por necesidad, porque ahora se relaciona con el mercado desde sus valores éticos.

Hablo de todo esto porque me parece que Bitcoin es uno de los hijos de este fenómeno. La idea tras de esta criptomoneda se coció en una de las crisis de confianza y reputación más traumática que hayan registrado en la historia moderna. La razón por la que bitcoin es como es, la debemos a los elementos que conformaron la crisis financiera del 2008: en donde la explosión de una burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos generó una ola de desconfianza en los créditos hipotecarios y produjo una recesión que afectó a nivel mundial a millones de personas.

En pocas palabras, el hecho de que la sociedad confirmara el fallido sistema financiero en el que estábamos (y seguimos estando) hizo que se desatara una crisis de reputación y confianza que hasta el día de hoy persiste. El ciudadano de a pie dejo de confiar en las instituciones financieras y bancarias, asumiendo que estas solo velarían por sus propios intereses, dejando desamparados a los que más necesitaban capital.

En medio de este quiebre, Bitcoin se conformó como una alternativa que se opondría a ese sistema que se resquebrajaba. Basándose en una serie de valores que hoy en día sus usuarios abrazan como su bien más preciado: una moneda descentralizada, deflacionaria, privada y resistente a la manipulación y la censura. Esto es lo que encarna Bitcoin y, a mi parecer, lo convierte en el dinero que en mayor sintonía está con su época y con el que la sociedad del siglo 21 puede sentirse más cercana.

La gente confía cada vez menos

Esta idea se ha convertido para mí en una certeza al ver lo que está pasando actualmente con el mercado de valores, así como en las redes sociales. No solo se percibe individuos que desprecian y ponen en tela de juicio la toma de decisión de los gobiernos o los sectores financieros más tradicionales, sino que también están preparados para derrocar todas aquellas empresas, productos o personas que no se acoplen a las necesidades actuales.

Considero que hemos aprendido a analizar todas las situaciones que no pasan desde la incredulidad, y eso nos ha dado cada vez más poder y capacidad de elegir lo que realmente nos conviene. Un ejemplo de ello es lo que ha pasado en el último mes con empresas como PayPal y Meta, ambos pesos pesados de su industria que han registrado caídas históricas en sus acciones.

¿Y a qué se debe todo esto? Pues, indudablemente la devaluación del dólar, las tensiones políticas y el aumento de competencia han ayudado a la depreciación de estas compañías. Sin embargo, la mala reputación que se han creado en los últimos años parece estar dando el veredicto final. Tanto Meta como PayPal han tenido episodios de abuso de poder que no han sido olvidados por la sociedad, la primera empresa por la filtración de datos privados de sus usuarios y la segunda por la reiterada censura al cerrar cuentas financieras.

Estas acciones han sido duramente criticadas, puesto que la sociedad de hoy está tras la búsqueda de servicios que los tomen como iguales, que respeten su privacidad y que les permitan tomar decisiones solos. Es decir, quieren ser tratados como adultos en una relación de igualdad de condiciones, y no con un Estado paternalista que decida el destino de sus hijos.

El castigo (o la cancelación, como quieran decirles) parece estar llegando en este 2022. Cuando cada vez más usuarios abandonan sus cuentas de Facebook y de PayPal para probar suerte en otros servicios que tienen una visión empresarial más amigable, así como su reputación aún no ha sido manchada.

¿Es este el fin de Meta y la plataforma de pagos, PayPal? Pues, es muy pronto para decir eso, aunque indudablemente el golpe ha sido duro. Lo que si veo en esta serie de sucesos es un patrón de comportamiento en la sociedad. Las cancelaciones no se quedan únicamente en Twitter, sino que los inversionistas y usuarios están activamente usando el poder que tienen como clientes. Ignorar es también una forma de castigo.

En una sociedad donde la confianza se gana y la reputación es vital, servicios que no tomen en cuenta la nueva dinámica de valores que defienden los usuarios, son empresas que no mantendrán el vuelo por mucho rato y que podrían ser, incluso, «castigadas» con el silencio. Mientras tanto tecnologías como Bitcoin, que se adaptan a las nuevas demandas y están creadas a base de los valores que identifican a esta era, tienen más posibilidades de éxito entre los usuarios y mayor espectro de aceptación.

Referencia: criptonoticias.com

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